Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

jueves, 9 de octubre de 2008

Una serie de series


¡Uuuuuuuffff! Amigos, la vida en Cosica es de un ajetreo tal que apenas me da tiempo para hacer mis cosas. A este ritmo me va a entrar jaqueca. Sin embargo, entre reuniones de trabajo, horas de gimnasio y escribir este blog, hay tardes en que puedo permitirme el pequeño lujo de ver algo la tele, y tengo que decir que ando semienganchado a las series de La Sexta. “Semi” porque no estoy enganchado del todo, no las veo a diario ni las puedo seguir a rajatabla. Además, me da a mí que La Sexta sigue una política charcutera con las series: los mismo te planta dos capítulos seguidos, que te los cambia de hora, que uno y uno, o dos –sí- pero de diferentes temporadas.


Las series en cuestión no son de las nuevas, se trata de JAG: Alerta roja (1997-2005) y Caso abierto (2003- ). Ya Karmen y Rukia me recomendaron aquí en su día esta última, con la excusa de que se desarrollaba en Filadelfia (por algún motivo) y que la banda sonora era cojonuda. Ambas cosas he tenido ocasión de comprobarlas. Para los que no sepáis qué series son, os diré que Caso abierto se basa en una unidad de investigación policial especializada en resolver crímenes antiguos que ya se habían dado por imposibles. Reabren casos pasados o “fríos” (de ahí su título original: Cold Case) y siempre los resuelven, leñe. Lo mismo les da un caso del año 1990 que otro de 1939.

Lo que más me fascina de esta serie es que, cuarenta años después, los pavos estos tienen a su disposición pistas frescas y testimonios de testigos o implicados como no los tuvieron los que investigaban en su día. ¿Qué eran los otros polis, tonticos? A mí venid a preguntarme por lo que hice el martes de la semana pasada, que no me acuerdo ni de cómo me llamo, pero esta gente te interroga a una señora de 85 años, le enseñan una fotico en blanco y negro y ya tenemos carrete para recordar lo que pasó, quién, cómo, cuándo, dónde, etc. Y atended, siempre se sacan de la manga algún detalle clave que supone la pista definitiva: ¿pero por qué no lo contó usted eso en 1956, señora?


Esta serie es lo más inverosímil desde Cuéntame, pero me encanta. Tiene algo… en efecto la banda sonora es impresionante. Si tienes la suerte de pillar un crimen que ocurrió en los 60 o 70 prepárate a disfrutar un maratón de temas famosos de aquella época, porque siempre tratan de ser consistentes. Como el crimen sea de los años 50, agárrate los machos que te van a colar una turra country como no oyeras otra igual. Hoy el crimen era de 1990, y ha sonado “Stand” de REM, for example.

La otra serie es aún más naif y formulaica, pero ¡cómo me mola! JAG (Judge Advocate General) es el nombre de una especie de división de la Marina yanqui encargada de investigar y juzgar crímenes por la vía militar. Sus miembros lo mismo hacen de policías sabuesos, que de administrativos, que de detectives, que de abogados, jueces, fiscales o lo que se tercie. Lo importante es que todos pertenecen a la Marina, chico. Hay un comandante piloto/marino que hace de abogado-figurín, traumado por unas movidas de que su padre fue piloto y prisionero de guerra en Vietnam. También hay una pareja de “graciosos” en plan teatro barroco, el teniente y la alférez gordicos y patosones pero que en el fondo son buena gente. Al ser material genético de segunda, estos dos graciosos están condenados a emparejarse y de hecho terminan casándose.


Luego está por ahí la Mayor “Mac”, miembra aventajada del cuerpazo de Marines y aguerrida abogada ex-borrachuza. Lo bueno es que entre la maciza y el macizo no hay tensión sexual (cada uno tiene sus historias aparte), con lo que gran parte del tiempo de cada episodio de la serie puede dedicarse a la investigación y juicio de los rocambolescos casos: un comando anticastrista secuestra una fragata yanqui cargada de niños y de misiles Harpoon, un soldado cabreado porque le niegan la custodia de su bebé se dedica a atropellar peña con un carro de combate, una pava en albornoz asesina a un diplomático turco que se había colado en su piso con una botella de vino… como veis, todo material dramático de primera.

Y con un poco de suerte siempre te sacan imágenes de los F-14 “Tomcat”, los portaaviones o las bases de marines. La ética que prevalece en esta serie es la del patrioterismo, y una especie de corporativismo militar en plan “Todos formamos parte de la Marina norteamericana, chico”. Con esa frase mágica se solucionan el 89% de los casos. En el otro 11% tiene que aparecer un estricto almirante calvorota que es la figura paterna de los mencionados abogados y reblandecerlos a todos con una sensiblera anécdota personal en plan “tengo una hija en Nápoles” o “me gusta la pasta fresca”.

Con estas seriazas, cualquiera se aparta del televisor, ¿eh?

miércoles, 8 de octubre de 2008

Estatuas Verdes os regala un cuento


En el taller de Tecnología, Antoñito no dejaba de interrumpir al profesor. Cada vez que don Francisco intentaba explicar algo, el niño saltaba gritando: ¡Vamos a cortar tablas!, ¡Vamos a cortar tablas!


-No, Antoñito, ahora no –explicaba paciente don Francisco.


Por toda respuesta, el chico exclamaba:
-¡Vamos a cortar tablas!, ¡Vamos a cortar tablas!


Don Francisco trataba sin éxito de dar unas instrucciones:
-Chavales, a continuación vamos a coger…
-¡Vamos a cortar tablas!, ¡Vamos a cortar tablas!


Exasperado por dentro pero sin dar muestra de ello, dijo don Francisco con semblante calmo:
-No, Antoñito, ¿sabes lo que vamos a hacer? Voy a contaros un cuento. La clase lo miraba absorta, también Antoñito.

Había una vez, hace varios miles de años, un grupo de monos que vivían en la selva cerca de un grupo de humanos. Los humanos hablaban y tenían herramientas pero los monos solo querían cortar tablas. Un día un mono robó un serrucho a los humanos y se puso a serrar unos tablones. Aquello inmediatamente llamó la atención de los demás monos. ¡Qué maravilla! Todos se congregaban a su alrededor y daban gritos: ¡Iíííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííí!


Los monos veían que los hombres inventaban cosas nuevas y seguían progresando, pero era mucho más divertido cortar tablas, dejar que los otros trabajaran. Los monos solo querían darle al serrucho.


Con el tiempo, los monos se fijaron en los humanos y aprendieron a caminar erguidos. Se siguieron acercando a los hombres y con el paso de los años se mezclaron con ellos, hasta confundirse. Y, ¿sabes qué, Antoñito? Hasta el día de hoy los monos continúan entre nosotros.



[Basado en hechos reales]

martes, 7 de octubre de 2008

Aquellas juergas universitarias


Aquellas juergas universitarias… ¡Madre de Dios! Geniales, ¿no? Serían las vuestras, porque las mías no existieron. Matizo.

Felicitando hoy el 30 cumpleaños a una lectora y amiga, ella me comenta que nunca hubiese pensado que su vida a los treinta iba a ser como es ahora. Ni mejor ni peor, simplemente de otro modo. Coincido plenamente con ella. Yo gracias a Dios tengo trabajo y (casi) no me puedo quejar de cómo me está tratando la vida. Hoy en el trabajo comentaba una compañera que el finde pasado había estado de discotequeo y “yo ya no me veo en esos sitios, está una muy mayor”. Mmmmmmmhhh. Cruel pero cierto. Ya no está uno para esos trotes, máxime cuando ahora te pueden multar no ya por hacer botellona, sino por charlar en la calle. Pero eso es en Sevilla, claro, donde el alcalde es un superdotado, un genio y un ser superior. ¡Ojalá viviera yo allí!

El juerguismo con la edad va quedando atrás, y casualmente el reciente visionado de dos pelis míticas me retrotrae a otra época antigua: la universidad. Cuando yo era pequeñito, la universidad se me antojaba como el templo del saber definitivo, pensaba que todo el que daba clase allí era un genio (más o menos como el actual alcalde de Sevilla) y todo el que entraba a estudiar salía transformado por tantísimos saberes como aquello chorrearía. La realidad me demostró que la mediocridad es la tónica dominante en la universidad española, aunque duela decirlo, entre alumnado y también profesorado. Hablando de cierta Facultad de Económicas, las lectoras Rocío e Inmi polemizaban hace poco. Valgan sus opiniones del otro día como botón de muestra.


En momentos de desesperación, recurro a las comedias y me zampo, de un lado, Desmadre a la americana (1978) y, del otro, La revancha de los novatos (1984). Estas dos piezas clave del humor se encuentran por ahí en DVD por 5 pavos, si las veis no dudéis en adquirirlas. Ambas pelis tienen varias cosas en común: ambientación universitaria, estudiantes inadaptados (golfos en un caso, pardillos en otro), el sistema de fraternidades yanqui y fiestismo a tope (= alcohol + sexo). Mítica es ya la escena de la “fiesta de togas” de Desmadre a la americana, os aseguro que este tipo de fiestas –peña disfrazada de romanos con una sábana por todo atuendo- se siguen haciendo.


Hay otras cosas en común: el estudiante “sobrehumano” borracho y pendenciero (“Bluto” en Desmadre y “Ogro” en La revancha), las bromitas estudiantiles (caballos muertos en despachos, redadas de bragas…) y el odio a lo establecido, a la norma impuesta que en realidad es minoría: los hiperguapos, los guays del Paraguay, los triunfadores de pacotilla. Hay siempre una corriente de represión sexual, voyeurismo, pérdidas de virginidad, risitas al ver una teta, que supongo un reflejo de las potenciales audiencias, que irían igual de calientes. También –por algún motivo- estas pelis y otras del género suelen tener unas bandas sonoras cojonudas, que si The Kingsmen, que si Michael Jackson, Queen, The Rubinoos…

Salvando el hecho de que estas películas son una gruesa caricatura de la realidad universitaria americana, hay que decir que están basadas en cosas que existen de verdad. Para los españoles esto era y sigue siendo ciencia-ficción (por lo menos para mí que vivía en casa de mis padres mientras estudiaba, en Miciudad). Yo no me considero un nerd (“empollón”, “pardillo”) como los de las pelis, pero durante la carrera me la pasé estudiando, que creía que era lo que tenía que hacer. Y entré y salí bastante, no como el que más, pero sí lo justo, y siempre rodeado de buenos amigos. Pero vaya, nunca incendié una casa ni planté cámaras en las duchas de unas tías.


Tuve que vivir la experiencia universitaria en Inglaterra y, sobre todo, en Estados Unidos, para darme cuenta de que en ciertas culturas, ir a la universidad constituye un auténtico rito de paso, que unos aprovechan para madurar, otros para echarse a perder, y la mayoría se va de juerga todo lo que puede y al final se reconvierte. Yo conocí en Carolina del Norte a un pavo como Bluto o el Ogro al que llamaban “Tragabarriles” (Chug-a-keg), y os aseguro que era digno de ver en acción en una fiesta. Estas cosas existen, las animadoras, las fraternidades, y como son una minoría elitista, el 90% de la gente que te encuentras abominan de ellos (algo así como los tunos españoles, pero no quiero ni sugerir la comparación).

Supongo que en el extranjero me corrí todas las juergas que aquí no pude, aparte de por motivos logísticos, por el simple hecho de experimentar. Ya estaba un poco mayorcito entonces, y no os digo nada ahora. Cuando pienso en mis años de carrera no les tengo especial cariño, la verdad, solo el de Erasmus y el de postgrado. Pero me alegro de haber hecho el cafre y el gamba, no me arrepiento de nada. Por lo menos ahora cuando veo a John Belushi (que en paz descanse) gritar “¡¡¡Batalla de comida!!!” y liarla parda puedo sonreír internamente y pensar “Si no lo he hecho es porque no he querido”.

lunes, 6 de octubre de 2008

Oasis: desentierran su alma


¡No veas cómo estamos con el último disco de Oasis! Este fin de semana han caído unos cuantos disquitos (hasta en una feria del coleccionismo he estado) pero no es eso de lo que os he venido a hablar. De todo lo que me he comprado lo que más ilusión me ha hecho es Dig Out Your Soul (2008), el nuevo de Oasis. Curiosamente lo compré el viernes 3 de octubre, cuando en el Reino Unido su fecha de salida era hoy. Esto sí que supone una novedad y un frenesí para mí: lejos quedan ya aquellos tiempos en que había que ir a Londres para comprarse estas cosas (ahora habrá que ir por otros motivos).

Tranquilos que no me voy a poner nostálgico en plan “añoranza de los 90”. Podría escribir los versos más tristes esta noche y decir, por ejemplo, que los dos mejores grupos de aquella década fueron Oasis y Nirvana. Pero eso ya lo dijo hace unos años Paco Pérez Brian, y tampoco es cuestión de plagiarlo. Podría decir también que Dig Out Your Soul es el mejor disco de Oasis desde (What’s the Story) Morning Glory? (1995) pero eso os lo dejo a vosotros.


La recepción crítica ha sido unánime. El éxito también le acompaña: “The Shock of the Lightning” es número 3 de singles en UK por detrás de Pink y Kings of Leon. La canción es un temazo en la línea de “Rock and Roll Star” (la primera de su primer disco) que no se me va de la cabeza desde que lo escuché por la radio en Palermo el 19 de agosto. El álbum entero se edita hoy, ya digo, y será número 1 seguro; en América será Top 10. A lo mejor esto os parece una chorrada pero para mí es muy significativo porque Oasis son uno de mis grupos más queridos, prácticamente el primer grupo del que me hice fan hasta el punto de querer tenerlo todo de ellos, comprarme los singles por las caras B, etc.

Y me alegro de que se mantengan en el candelabro, copón. ¿Pues no andan por ahí gente como U2, REM o Metallica que en la actualidad son irrelevantes pero que cada vez que sacan disco y hacen gira se forran de billetes? Tienen muchos fans y cada vez se les van sumando otros nuevos. Pues a Oasis les pasa igual. Aliviados de la presión de ser “la gran esperanza blanca” del indie británico, los nuevos Beatles o los salvadores del rock and roll –algo que indefectiblemente conducía a una desilusión artística con cada nuevo disco que sacaban-, se han convertido en el grupo de rock de referencia de Gran Bretaña, que no es decir poco.

Volviendo a Dig Out Your Soul, el álbum se escucha de manera muy agradable, por fin Oasis han dado con el “Huevo de Colón”: 11 canciones y 45 minutos. Todo lo demás sobraba, a lo mejor no han tomado tanta cocaína para grabar este disco. Noel Gallagher sigue siendo el alma del grupo, pero ya “solo” compone 6 de los 11 temas, los otros son de su hermano Liam, de Gem Archer (ex Heavy Stereo) y de Andy Bell (ex Ride y ex Hurricane #1). Noel canta cada vez mejor (o utiliza mejores efectos de estudio, lo que sea es bienvenido) y Liam, como bien leí en una revista inglesa en 1997, es “simplemente la voz más carismática de su generación”.


¿Y qué encontramos en este disco? Pues pop-rock británico de corte clasicista, tirando por un lado a los 60 (Beatles, Rolling Stones, Who, psicodelia) y por otro al “sonido Manchester” (Happy Mondays, Verve, Charlatans, Stone Roses). Lo de esta peña con los Beatles es ya mítico: Noel está obsesionado, en cierta ocasión dijo que los dos primeros discos de Oasis eran mejores que los dos primeros de los Beatles, lo cual es verdad pero no significa absolutamente nada. Yo nunca he visto que les haya plagiado, solo versionado un par de veces, pero la sombra de los de Liverpool es alargada. En Dig Out Your Soul he detectado un par de samples no declarados (“Dear Prudence” y “A Day in the Life”) y hay extractos de una entrevista a John Lennon.

Dice Stephen Thomas Erlewine –el crítico musical- que Dig Out Your Soul suena como debió haber sonado Be Here Now en 1997 si entonces a Oasis no se le hubiera ido la olla. Totalmente de acuerdo: es lo primero que pensé la primera vez que escuché el disco. Tampoco me voy a enrollar aquí glosando una obra que se entiende perfectamente por sí misma, solo hay que atreverse a escucharla. Al hacerlo me saltan al oído dos o tres potenciales singles más, “Falling Down”, “I’m Outta Time”, “Waiting for the Rapture”… luego está la psicodelia suave de “Soldier On”, la energía bailonga de “The Turning”, todas las canciones tienen algo. Discazo: no apto para gente con prejuicios.

domingo, 5 de octubre de 2008

Vicky, Cristina, Barcelona, Woody, y Almodóvar


Si un desconocido te regala flores, eso es Impulso. Si un desconocido te invita a volar en su avioneta y a follisquear, eso es una peli de Woody Allen. Sí, amigos, he acudido a ver Vicky Cristina Barcelona (2008), esa película que usted y yo le hemos pagado a Woody Allen. Se trata de “una carta de amor a Barcelona”, una postal a Oviedo y un post-it a Sevilla (que solo es nombrada una vez de refilón: las otras dos ciudades salen, se ve que pagaron más). Primera sorpresa, “Barcelona” la impresionante canción de Giulia y los Tellarinis que abre la peli y salpimenta la banda sonora.

En lugar del jazz de siempre, como esta está rodada en España aquí toca “Granada” de Albéniz o “Entre dos aguas” de Paco de Lucía. En lugar del Empire State Building, la Sagrada Familia. Y así sucesivamente. La segunda sorpresa es que aunque la peli se ha promocionado hasta la saciedad como un triángulo entre Bardem, Scarlett Johansson y Penélope Cruz, no lo es del todo. O no solo es eso. El dichoso triángulo (difícil conceptualizar un trío actoral menos caro a Estatuas Verdes, acaso Bebe, Blanca Romero y Nancho Novo) es uno de los núcleos pero hay otro, que es en realidad la premisa de la peli. La historia es simple: dos americanas de clase media alta y con aspiraciones intelectualoides pasan un verano de gañote en Barcelona.

Aun siendo –supuestamente- almas gemelas, en asuntos del amor la una es la antítesis de la otra. Vicky (Rebecca Hall) es una chica seria, comprometida, de las que tienen novio formal y están a punto de casarse. Dándole la réplica a esta especie de Meg Ryan está Cristina (la Johansson): romántica empedernida, guarrilla, desinhibida, descreída del amor y el compromiso. A estos personajes perfectamente arquetípicos –que además en la peli se nos presentan de dos brochazos no diré gruesos pero sí medianitos- se les une otro arquetipo: el bohemio artista atormentado, hipersensible en lo espiritual pero con más ganas de fornicar que Picasso. Este es el papel que interpreta Bardem.


Bien leí en Almanaque de Otoño que Vicky Cristina Barcelona era un estudio o reflexión sobre el amor y la vida, y dicha noción –que considero acertada- condicionó en cierto modo mi experiencia de visionado de la peli. En efecto: aquí se filosofa con baja intensidad sobre el amor y la condición humana: compromisos, fidelidad, promiscuidad, amor, sexo… al trío inicial pronto se sumará el personaje de Penélope Cruz, adición que es muy bienvenida y que da a la historia un apreciable toque almodovariano.

Otro posible título para esta peli podía haber sido Pintores al borde de un ataque de nervios. Los gritos e histerismos del dúo Bardem-Cruz resultan tan chabacanos que realmente funcionan: no sé si lo suyo es método pero no me cuesta imaginármelos chillando igual fuera de cámara. Ironías aparte, no voy a criticar su interpretación: es correcta y funciona, y ya estoy diciendo mucho. Pero a mi juicio la gran injusticia de esta peli es el ninguneo que se ha hecho en la promoción de Rebecca Hall, cuyo personaje sea quizás el más creíble de toda la peli. Rebecca (Vicky) supone un verdadero hallazgo, y se me ha antojado (por su dicción y las situaciones en que se ve envuelta) el alter ego femenino de Woody Allen.

Sabido es que desde hace diez años, Allen ya no sale haciendo de sí mismo en sus películas: pone a otro en su lugar, sea Kenneth Brannagh o Jason Biggs. Pues aquí quien hace de Woody Allen es la señorita Hall, y lo hace estupendamente. Atípico, ¿verdad? Otra cosa que se ha comentado acerca de Vicky Cristina Barcelona es que carece de los elementos tópicos de las pelis de Allen, a saber: rabinos, psicoanalistas, culturetismo. Todo lo demás sí esta: diálogos chispeantes, comeduras de tarro, escenas de cama, pero es verdad que no hay ni rastro de judaísmo, solo una mención al psicólogo, del jazz ya he hablado y en lugar de cultura aquí se habla de Gaudí y de Miró.


¿Quiere esto decir que Woody Allen ha hecho una peli “española” (o “catalana”)? Nanay de la china. Lo que ha hecho es una peli de yanquis ambientada en un sitio exótico, que bien podía haber sido Cuba, Egipto o un crucero por los fiordos. No hay trampa ni cartón, empero, el propio Allen así lo ha declarado con una desfachatez que le honra. Que su peli es una historia de amor que podría desarrollarse en cualquier lado. Pero ponle unas alpargatas, una guitarra española y una mijita pa amb tomaca y ya tenemos los marchamos de la Generalitat y el Ministerio de Cultura.

En cuanto a los personajes y su evolución, hay que decir que no son planos, sino que acaban (previsiblemente, por cierto) en las antípodas de sus posiciones de salida. Y no es un spoiler, no os preocupéis, no cuento más. Entonces, Porerror, ¿en qué queda esta historia de amor y expatriados insatisfechos sexualmente à la novela decimonónica ambientada en Barcelona y Oviedo? Pues mirad, para mí queda en una comedia divertida, que realmente funciona. Una especie de divertimento menor frente a una obra de calado como Match Point (2005), pero oye, Shakespeare también te alternaba obrones con comediotas.

viernes, 3 de octubre de 2008

Me suda el ojjj...


Tranquilos que no me he dado a la bebida. Aunque más de uno antes de irme a Cosica me advirtió que no lo hiciera, yo no traía la más mínima intención. Pero cierto es que si anoche no hubo post es debido a que me corrí una semijuerga con algunos compañeros de trabajo. ¿Entre semana, Porerror? ¿Qué te crees, que estás allí de Erasmus? No, señora, para Erasmus borrachas ya quedo esperando el nuevo disco de Francisco Nixon, que saldrá el año que viene. En realidad me acosté a la hora de siempre, solo que no había escrito una entrada para el blog.

Esta negligencia puede achacarse a los tintos con naranja o a las amígdalas de cerdo a la plancha, como ustedes quieran. Pero me sirve para enlazar con el escatológico título del post de hoy, que los más avispados (léase “frikis”) habrán reconocido como proveniente de un sketch de Muchachada Nui. En concreto, aquel episodio de “Mundo viejuno” sobre Al Gore y el cambio climático. En un momento dado, uno de los personajes está contando algo y otro lo interrumpe bruscamente con la rudérrima frase: “Me suda el ojete”.

Pues bien, amigos, Estatuas Verdes alcanza un nuevo mínimo de buen gusto al rescatar esta frase del olvido, y es que he de confesar que últimamente el latiguillo de marras se ha convertido en un mantra personal contra el estrés laboral. ¿Que uno de mis clientes se pone farruco o irrazonable o me viene con alguna paparrucha? Yo lo dejo largar, lo miro con una sonrisa y por dentro estoy pensando: “Me suda el ojjj…”. Y lo digo así, pronunciado con “jota” fricativa velar sorda. ¿Que algún jefe me asalta con una payasada, o hace caso omiso de una demanda mía? “Me suda el ojjj…”. Y así, sucesivamente. Solo tengo que tener cuidado que no se me note y no explotar de la risa mientras pongo carita de póker.


Y no solo en el trabajo, ¿eh? Esta frase mágica nos protege en cualquiera situación. ¿Que a las tantonas de la madrugada un gato y un perro deciden pelearse en la plazuela que hay delante de mi casa y me despiertan? “Me suda el ojjj…”. ¿Que a la Policía Municipal de Cosica no le agrada donde he dejado aparcado mi coche? “Me suda el ojjj…”. Y esta transpiración anal va creciendo proporcionalmente con el paso de la semana. Lo que un lunes me medio importa (sí, eso que el domingo por la noche llegaba a preocuparme), el martes ya lo veo menos terrible. El miércoles no os digo nada, y el jueves por la noche ya la cosa está que arde (y que suda). Por eso cuando anoche unos compis del trabajo propusieron salir a cenar y a tomar unos coca-colas no me lo tuve ni que pensar.

Me gusta pensar en esta frase como en una especie de sortilegio protector, como una oración (valga la irreverencia). Me sorprendo diciéndola mentalmente y se me vienen a la cabeza otros estribillos que puntuaron el sufrimiento de otras personas, como el “Aquello se superó, esto también pasará” del anónimo bardo anglosajón autor del poema “Deor”, el “Preferiría no hacerlo” de Bartleby el escribiente (personaje de Melville) o el famoso “So it goes” de Kurt Vonnegut en Matadero 5 (1969) –no confundir con las canciones de Billy Joel o Nick Lowe. O la muletilla de aquel personaje televisivo, Felipito Tacatún, que siempre acababa diciendo “Yo sigo”.

Os aseguro que no es pasotismo, es supervivencia. La cosa alcanza proporciones épicas los viernes al mediodía. Y cuando por fin tengo a bien cargar el coche para venirme de Cosica el fin de semana, puede ser que vaya cantando canciones de Quique González a voz en cuello, para asombro de bestias y personas. No hagáis caso a las habladurías que cuentan por ahí que salgo del pueblo haciendo un corte de mangas, ¿eh? Que yo siempre conduzco con las dos manos en el volante. Seguridad ante todo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Anuncios pupita: Yo acuso


Llevo unos días sin poder dormir bien por las noches. ¿Cómo así, Porerror? ¿Acaso turban tus sueños los sonidos nocturnos de Cosica? No, amigos, lo que me mantiene desvelado no son los ladridos, ni los rebuznos, ni los relinchos, ni las peleas de gatos, ni los gritos desaforados, ni las amotillos a escape libre, ni el canto de los gallos, ni la maquinaria pesada (¡ay, las minas!) que puntúan la noche Cosiquesa. Son las pesadillas que tengo a cuenta de determinados anuncios que están echando últimamente por la tele, y echando hasta la saciedad, me atrevería a decir.

Dan miedito, qué digo, dan pavor. Primer culpable: el anuncio del Alfa Romeo Mito. Imaginado por un creativo sin duda epiléptico, ¿qué mente enferma pudo una mala noche diseñar tamaña sucesión de imágenes sinsentido, ilustradas con una banda sonora de pesadilla? ¿Error de Dios? ¿Tentativa intencionada de volver tarumba a toda la población española? En cualquier caso, dudo mucho de la eficacia del tema, puesto que te pasas lo que dura el anuncio sufriendo un atentado audiovisual y solo al final aparece el nombre del coche, y escrito a medias. ¿O acaso se trata de una nueva tortura, un ejercicio del “ojo mágico”?

Dicho esto, aún me montaría gustoso en un Alfa Romeo Mito para salir huyendo a toda velocidad de la peor andanada de anuncios de la Historia de la Televisión en España. Me estoy refiriendo a la nueva campaña de Edesa. Otras empresas de electrodomésticos como Balay o Fagor tuvieron la decencia de contratar a Arguiñano o a unos señores anodinos con monos azules, pero Edesa ha tenido a bien emplear en sus anuncios a una serie de bailarines-profesionales-fingiendo-ser-amateur que con sus torpes evoluciones causan la indigestión de cuanto alimento esté ingiriendo el sufrido espectador en el momento de ver el anuncio. ¡Atrás!


No contentos con usar un look de falsa videocámara casera, los de Edesa nos castigan con una banda sonora compuesta por el mismo Diablo, una especie de música machacona interpretada con ordenadores, sí pero chocándolos entre ellos. Y además no hay un solo anuncio, sino toda una serie: que si “Kitchen Dance #2”, “#7”, “línea pop”, “línea sport”… a cual más espantoso e incómodo de ver. Hay dos en concreto, uno con una pareja haciendo el ganso frente a un atónito bebé actor (que figura que es su hijo) al que sin duda dejarán secuelas. Y otro… tiemblo al evocarlo, con una especie de pareja de hecho chandalera de dos tíos que bailotean incontinentes en una minúscula cocina. ¿Por qué no se daría un golpe en la cabeza con el frigorífico Edesa alguno de ellos mientras rodaban el anuncio!

Luego hay dos anuncios más, que, no gustándome un pelo, se medio redimen por su banda sonora (aquello de “me suena de un anuncio”). Me refiero a sendos automóviles: el Toyota Auris y el Mazda 2. El de Toyota es hortero con ganas, aunque lo salva la canción de The Feeling: “Join With Us”. El de Mazda es otro atentado epiléptico-gimnástico, apenas soportable gracias al tema “Can’t Get Enough” de los Infadels.

¿Es esta la publicidad del futuro? Y mientras tanto, el pavo de la voz en off de Antena 3 haciendo como que recorre bares, restaurantes chinos y facultades en busca de ideas para su campaña publicitaria. Y aún hay otra empresa de impronunciable nombre que directamente te muestra una paranoia de 15 segundos y te propone que termines tú el anuncio. Claro, xulo, y ¿el cheque dónde me lo enviáis?


¡Si Frédéric Beigbeder levantara la cabeza… (y yo pegara ojo)!
 
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