
¡Uuuuuuuffff! Amigos, la vida en Cosica es de un ajetreo tal que apenas me da tiempo para hacer mis cosas. A este ritmo me va a entrar jaqueca. Sin embargo, entre reuniones de trabajo, horas de gimnasio y escribir este blog, hay tardes en que puedo permitirme el pequeño lujo de ver algo la tele, y tengo que decir que ando semienganchado a las series de La Sexta. “Semi” porque no estoy enganchado del todo, no las veo a diario ni las puedo seguir a rajatabla. Además, me da a mí que La Sexta sigue una política charcutera con las series: los mismo te planta dos capítulos seguidos, que te los cambia de hora, que uno y uno, o dos –sí- pero de diferentes temporadas.

Las series en cuestión no son de las nuevas, se trata de JAG: Alerta roja (1997-2005) y Caso abierto (2003- ). Ya Karmen y Rukia me recomendaron aquí en su día esta última, con la excusa de que se desarrollaba en Filadelfia (por algún motivo) y que la banda sonora era cojonuda. Ambas cosas he tenido ocasión de comprobarlas. Para los que no sepáis qué series son, os diré que Caso abierto se basa en una unidad de investigación policial especializada en resolver crímenes antiguos que ya se habían dado por imposibles. Reabren casos pasados o “fríos” (de ahí su título original: Cold Case) y siempre los resuelven, leñe. Lo mismo les da un caso del año 1990 que otro de 1939.
Lo que más me fascina de esta serie es que, cuarenta años después, los pavos estos tienen a su disposición pistas frescas y testimonios de testigos o implicados como no los tuvieron los que investigaban en su día. ¿Qué eran los otros polis, tonticos? A mí venid a preguntarme por lo que hice el martes de la semana pasada, que no me acuerdo ni de cómo me llamo, pero esta gente te interroga a una señora de 85 años, le enseñan una fotico en blanco y negro y ya tenemos carrete para recordar lo que pasó, quién, cómo, cuándo, dónde, etc. Y atended, siempre se sacan de la manga algún detalle clave que supone la pista definitiva: ¿pero por qué no lo contó usted eso en 1956, señora?

Esta serie es lo más inverosímil desde Cuéntame, pero me encanta. Tiene algo… en efecto la banda sonora es impresionante. Si tienes la suerte de pillar un crimen que ocurrió en los 60 o 70 prepárate a disfrutar un maratón de temas famosos de aquella época, porque siempre tratan de ser consistentes. Como el crimen sea de los años 50, agárrate los machos que te van a colar una turra country como no oyeras otra igual. Hoy el crimen era de 1990, y ha sonado “Stand” de REM, for example.
La otra serie es aún más naif y formulaica, pero ¡cómo me mola! JAG (Judge Advocate General) es el nombre de una especie de división de la Marina yanqui encargada de investigar y juzgar crímenes por la vía militar. Sus miembros lo mismo hacen de policías sabuesos, que de administrativos, que de detectives, que de abogados, jueces, fiscales o lo que se tercie. Lo importante es que todos pertenecen a la Marina, chico. Hay un comandante piloto/marino que hace de abogado-figurín, traumado por unas movidas de que su padre fue piloto y prisionero de guerra en Vietnam. También hay una pareja de “graciosos” en plan teatro barroco, el teniente y la alférez gordicos y patosones pero que en el fondo son buena gente. Al ser material genético de segunda, estos dos graciosos están condenados a emparejarse y de hecho terminan casándose.

Luego está por ahí la Mayor “Mac”, miembra aventajada del cuerpazo de Marines y aguerrida abogada ex-borrachuza. Lo bueno es que entre la maciza y el macizo no hay tensión sexual (cada uno tiene sus historias aparte), con lo que gran parte del tiempo de cada episodio de la serie puede dedicarse a la investigación y juicio de los rocambolescos casos: un comando anticastrista secuestra una fragata yanqui cargada de niños y de misiles Harpoon, un soldado cabreado porque le niegan la custodia de su bebé se dedica a atropellar peña con un carro de combate, una pava en albornoz asesina a un diplomático turco que se había colado en su piso con una botella de vino… como veis, todo material dramático de primera.
Y con un poco de suerte siempre te sacan imágenes de los F-14 “Tomcat”, los portaaviones o las bases de marines. La ética que prevalece en esta serie es la del patrioterismo, y una especie de corporativismo militar en plan “Todos formamos parte de la Marina norteamericana, chico”. Con esa frase mágica se solucionan el 89% de los casos. En el otro 11% tiene que aparecer un estricto almirante calvorota que es la figura paterna de los mencionados abogados y reblandecerlos a todos con una sensiblera anécdota personal en plan “tengo una hija en Nápoles” o “me gusta la pasta fresca”.
Con estas seriazas, cualquiera se aparta del televisor, ¿eh?

Las series en cuestión no son de las nuevas, se trata de JAG: Alerta roja (1997-2005) y Caso abierto (2003- ). Ya Karmen y Rukia me recomendaron aquí en su día esta última, con la excusa de que se desarrollaba en Filadelfia (por algún motivo) y que la banda sonora era cojonuda. Ambas cosas he tenido ocasión de comprobarlas. Para los que no sepáis qué series son, os diré que Caso abierto se basa en una unidad de investigación policial especializada en resolver crímenes antiguos que ya se habían dado por imposibles. Reabren casos pasados o “fríos” (de ahí su título original: Cold Case) y siempre los resuelven, leñe. Lo mismo les da un caso del año 1990 que otro de 1939.
Lo que más me fascina de esta serie es que, cuarenta años después, los pavos estos tienen a su disposición pistas frescas y testimonios de testigos o implicados como no los tuvieron los que investigaban en su día. ¿Qué eran los otros polis, tonticos? A mí venid a preguntarme por lo que hice el martes de la semana pasada, que no me acuerdo ni de cómo me llamo, pero esta gente te interroga a una señora de 85 años, le enseñan una fotico en blanco y negro y ya tenemos carrete para recordar lo que pasó, quién, cómo, cuándo, dónde, etc. Y atended, siempre se sacan de la manga algún detalle clave que supone la pista definitiva: ¿pero por qué no lo contó usted eso en 1956, señora?

Esta serie es lo más inverosímil desde Cuéntame, pero me encanta. Tiene algo… en efecto la banda sonora es impresionante. Si tienes la suerte de pillar un crimen que ocurrió en los 60 o 70 prepárate a disfrutar un maratón de temas famosos de aquella época, porque siempre tratan de ser consistentes. Como el crimen sea de los años 50, agárrate los machos que te van a colar una turra country como no oyeras otra igual. Hoy el crimen era de 1990, y ha sonado “Stand” de REM, for example.
La otra serie es aún más naif y formulaica, pero ¡cómo me mola! JAG (Judge Advocate General) es el nombre de una especie de división de la Marina yanqui encargada de investigar y juzgar crímenes por la vía militar. Sus miembros lo mismo hacen de policías sabuesos, que de administrativos, que de detectives, que de abogados, jueces, fiscales o lo que se tercie. Lo importante es que todos pertenecen a la Marina, chico. Hay un comandante piloto/marino que hace de abogado-figurín, traumado por unas movidas de que su padre fue piloto y prisionero de guerra en Vietnam. También hay una pareja de “graciosos” en plan teatro barroco, el teniente y la alférez gordicos y patosones pero que en el fondo son buena gente. Al ser material genético de segunda, estos dos graciosos están condenados a emparejarse y de hecho terminan casándose.

Luego está por ahí la Mayor “Mac”, miembra aventajada del cuerpazo de Marines y aguerrida abogada ex-borrachuza. Lo bueno es que entre la maciza y el macizo no hay tensión sexual (cada uno tiene sus historias aparte), con lo que gran parte del tiempo de cada episodio de la serie puede dedicarse a la investigación y juicio de los rocambolescos casos: un comando anticastrista secuestra una fragata yanqui cargada de niños y de misiles Harpoon, un soldado cabreado porque le niegan la custodia de su bebé se dedica a atropellar peña con un carro de combate, una pava en albornoz asesina a un diplomático turco que se había colado en su piso con una botella de vino… como veis, todo material dramático de primera.
Y con un poco de suerte siempre te sacan imágenes de los F-14 “Tomcat”, los portaaviones o las bases de marines. La ética que prevalece en esta serie es la del patrioterismo, y una especie de corporativismo militar en plan “Todos formamos parte de la Marina norteamericana, chico”. Con esa frase mágica se solucionan el 89% de los casos. En el otro 11% tiene que aparecer un estricto almirante calvorota que es la figura paterna de los mencionados abogados y reblandecerlos a todos con una sensiblera anécdota personal en plan “tengo una hija en Nápoles” o “me gusta la pasta fresca”.
Con estas seriazas, cualquiera se aparta del televisor, ¿eh?