Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 3 de febrero de 2009

Privilegiados de las 7 de la mañana

Remirando en un antiguo pendrive, me encuentro con este texto que escribí el día 6 de noviembre, creo. Es un post perdido de Estatuas Verdes, que, releído hoy, me parece que tiene aún más vigencia que hace 3 meses.



Anteayer lo estaba hablando con un amigo, persona de bien que tiene un trabajo fijo como yo. Aunque suene a tópico y a cosa que nos decían nuestras madres y abuelas, en realidad somos unos privilegiados. Yo, desde luego, lo soy, y la mayoría de mis amigos también. No me importa decirlo, de hecho creo que es un sano ejercicio de realidad. Me explicaré.

No se trata de una frase aprendida en la infancia para la semana del Domund, servidor cada día nuevo que amanece da las gracias por poder tener salud y disfrutar -disfrutar, coño, sí- de un trabajo semiagradable y que me permite la tranquilidad de poder pagar las facturas todos los meses, estas y las que vengan. En los tiempos que corren, esto ya no es moco de pavo. Independientemente de quién sea el culpable de la actual crisis financiera (Zapatero, Aznar, George Bush, el capitalismo, los bancos, Keynes...) lo cierto es que el paro está subiendo en España y en todos lados, las hipotecas también y el precio de las cosas no está bajando precisamente.


Me da igual lo que diga el IPC (que si nosecuántos mil productos de la cesta de la compra han bajado trillones de euros), yo no veo que en realidad nunca baje nada. Si acaso, la gasola, que baja diez céntimos hoy para mañana subir otros veinte. Todo sube, y al final va a resultar que en lugar del IPC (Índice de Precios al Consumo) lo que va a haber que calcular es el IPCPC (IPC Por Culero), como decía mi padre, que fue profesor de Economía. Pero a mí plín, porque aunque no duermo en Pikolín tengo un trabajo y un sueldo fijos (sí, sueldo fijo: significa que tampoco va aumentar con el paso de los años).

Como no entiendo un pimiento de Economía, los datos de la Bolsa, el Euríbor, el “precio del dinero” , etc... me dejan frío: no sé lo que significan. Las únicas cifras que de verdad me afectan y me impresionan son las del desempleo. Cuando veo a gente parada o me encuentro con amigos en más o menos apuros por la crisis o a punto de dejar sus trabajos. Hablando con mi amigo este que os digo, le repetía “Si es que somos unos privilegiados”, y él me respondía “Sí, joder, yo seré un privilegiado, pero todos los días me tengo que levantar a las siete de la mañana”. Me hizo gracia el comentario, valga por lo ingenioso pero es que además esconde varias verdades.


Yo sé que sus padres y los míos se han pasado toda la vida currando, ser privilegiado ahora no es ser noble, ni tener privilegios propios del Antiguo Régimen. El privilegio ahora es poder trabajar. Este mismo amigo era el que me decía hace 4 años, cuando él estaba trabajando y yo no, que “el trabajo dignifica una barbaridad”. Suena a tópico, pero es la puritita verdad. Y ya de la salud ni hablamos.

Ayer, mientras esperaba mi turno en la consulta del médico muy quejoso por mis dolores en el brazo [me caí por las escaleras el 4 de noviembre de 2008], escuché hablar a una señora que en voz alta narraba la historia de su vida: 64 años, viuda hace 17, operada de un cáncer de mama, minusválida en un tanto por cierto debido a un accidente que le dejó inútil la mano derecha, siendo ella diestra. Enseguida me sentí ridículo por quejarme tanto y pensar que tengo muy mala suerte. En verdad anteayer mismo pude haberme roto la cabeza, pero estoy aquí escribiendo (lo confieso, desde mi puesto de trabajo). Decidme si eso -ambas cosas- no puede considerarse un privilegio.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Escuchar la radio en el ordenador


Llevo unos días acostándome a las tantonas, es como un vicio, y me da coraje. La razón, aparte de escribir en el blog, es que me he enganchado a un programa de radio vespertino. ¿El truco? Que el programa se realiza en Méjico, allí son las seis de la tarde pero en España es la una. SoundtraX, que así se llama la emisión, es un programa que dura de doce a una y media de la noche y que se emite en Radio X (www.radiox.com.mx), una cadena online. El programa trata de bandas sonoras de películas (de ahí el juego de palabras en el título), pero no esos aburridos scores instrumentales sino las canciones. Y además, cuenta con el aliciente de poder chatear en vivo con la simpática locutora Pam y con cuantos oyentes quieran.

La persona que me habló de este programa fue mi amigo Kike, quien también da caña en un espacio radiofónico, en este caso La Hora Frisky, los miércoles de siete a ocho de la tarde en Radio Alma (http://www.radioalma.be/). ¿No lo he dicho? Mi amigo hace el programa (junto a otros compañeros, que también lo hacen muy bien) desde Bruselas, y yo lo escucho en diferido con los podcasts que él me envía. Los contenidos abundan en el mundo friki: lo único coherente que hay es una agenda cultural de la capital belga. El resto, sintonía de Paco Pil, secciones de copla y de hip-hop español, entrevistas a personajes como Alejandro Jodorowsky, tertulias varias, ruido de fondo de mi amigo comiendo patatas fritas…

Comparto con este amigo además del gusto por Lorca y Arrabal, el deleite de escuchar (en pequeñas dosis) las graciosísimas barbaridades que suelta Federico Jiménez Losantos en su programa La Mañana de la Cadena COPE. A este hombre hay que escucharlo a sorbitos chicos porque si no corre uno el riesgo de crisparse. Y hay que reírse con él, eso es así. Luego, ya estará uno más o menos de acuerdo con el contenido de lo que dice, ahí ya no entro, pero lo que es la forma… La última perla que me han mandado es su comentario al episodio del Ministro de Asuntos Exteriores español, señor Moratinos, cuando fue al Congo y habló en una de sus lenguas autóctonas. Federico, como siempre, hace gala de una mala leche despiadada y de una gran creatividad verbal, aunque sea para insultar. Yo en su día no lo había escuchado (ya digo que a este hombre no lo puedo oír a diario) pero mi amigo Kike me envió un podcast con el programa entero y ¡santas pascuas!

Y hablar de Federico me lleva sin remedio a un compañero de trabajo que también lo escucha en secreto, incluso me consta que ha utilizado cortes suyos para amenizar cumpleaños, botellonas y fiestas varias (¿Nunca lo habéis probado? ¡Mejor que los remixes de Chiquito!). Este compi le habló de mí al locutor de otro programa de radio, en este caso Guille de La Noche Inventada. La noche inventada es el título de un tema de Un soplo en el corazón (1993) el único álbum del grupo indie Family, absolutamente de culto (El programa que había en Los 40 Principales, Viaje a los sueños polares, también era el nombre de una canción de ese disco). El espacio de Guille (que emite Radio Utrera) trata de cultura: cine, música, libros… si recordáis, a mí me llamaron en diciembre pasado para charlar sobre Truman Capote.

No había tenido ocasión de escuchar aquello (no vivo en Utrera), y hace muy poquito que me hicieron llegar la grabación. Pude escuchar el programa en el que intervine y varias ediciones más, y la cosa tiene muy buena pinta. Lo de La Noche Inventada no era un podcast sino un archivo mp3 normal, pero también me sirve para reflexionar acerca de la posibilidad de escuchar en la radio (eso sí, en diferido) contenidos realizados en otro tiempo (de hace unas horas o unos meses) y otro lugar (Utrera o Méjico D.F.).

Vale, en la tele hacemos esto hace trillones de años, para eso estaba el vídeo, ahora los discos duros. Y en la radio teníamos las cintas y nos arrodillábamos junto a la minicadena para grabar una canción del Pumares o de Los 40, pero no es lo mismo (solo pensad en la calidad de la grabación). Siento que los podcasts (grabaciones de programas de radio que se pueden luego descargar y escuchar gratuitamente) y las emisoras “en línea” han revolucionado el panorama de la radio, y os lo dice un enamorado del medio que, modestamente, también tuvo un programilla hace tiempo con unos colegas. Si, según los Buggles, “el vídeo mató a la estrella de la radio”, ¿quién podrá acabar con ella ahora que emite por internet?

YouTube killed the podcast star…”

lunes, 7 de abril de 2008

Operación Felix (II)


Las ocho de la mañana era la “Hora H” del encuentro para todos los reenactors dispuestos a participar en la grabación de un documental sobre un ucrónico asalto nazi al peñón de Gibraltar. El lugar de la cita, el aparcamiento de un McDonald’s (fijo que el Führer y el Caudillo hubieran tenido algo que decir acerca de esto).

A nuestra llegada encontramos a una docena de personas (todos varones) terminando de ponerse los uniformes, y pertrechándose para el combate. Apresuramos a nuestro colega E a cambiarse, y nos presentamos. Nos saluda el que maneja el cotarro: Javier, un hombre culto, que habla idiomas, padre de familia y que viste el uniforme de teniente de la Wehrmacht. Pertenece al 2nd Battlegroup (asociación internacional de recreación bélica alemana de muchísimo prestigio) y su coche parece una tienda de militaria, tal es la cantidad de pertrechos, cascos, correajes, gorras, cantimploras, etc, que contiene.

Nada más vernos nos saluda: “¡Ah, muy bien, muy bien! ¿No traéis vuestro uniforme? Pues nos os preocupéis que os los prestamos”. Me mira a los ojos y me suelta: “Tú quedarías muy bien de jerarca del partido Nazi en las escenas del Cuartel General”, y me coloca una gorra de oficial alemán. “Perfecto, das el pego”. Amablemente le explico (mi amigo J directamente ha ido a esconderse detrás de un seto, por la vergüenza) que no es nuestra intención “vestirnos”, sino que venimos acompañando a E, a curiosear y a hacer fotos. Mientras tanto E ya se ha cambiado y agarra su fusil Mauser Kar 98 (réplica de airsoft). Estamos listos.

Me llama la atención que no solo hay alemanes. Además de seis o siete soldados y un oficial de la división Grossdeutschland, tenemos a un general, a un soldado de las SS (división Leibstandarte-Adolf Hitler) y a uno de los Gebirgsjäger (tropas de montaña). Pero también han venido los chicos del grupo Frente de Madrid 1936-1939, dos soldados, un comandante y un alférez. Claro, una buena recreación de este episodio no podía prescindir de militares españoles.

Todo el pelotón se dirige a la primera de las localizaciones: un búnker en desuso junto a la playa de La Línea. Rodeado de varias piezas de artillería, desde el enclave se aprecia perfectamente la forma del Peñón. Imaginadnos a las ocho de la mañana por las calles de La Línea. Cuando llegamos al búnker allí se encontraban el director y el productor del documental, las cámaras y algunos figurantes más: dos generales alemanes y un par de falangistas ataviados con camisa azul, yugo y flechas en rojo, pistola Astra, etc, que la verdad a mí me dieron peor rollo que las insignias nazis (a lo mejor porque para los españoles tienen connotaciones más cercanas).

Dentro del búnker nos esperaban dos sorpresas: una ametralladora alemana MG 34 original, con su trípode y todo (me dicen que eso vale unos 2.400 euros) y la Policía Nacional espeluznada de lo que se había montado allí. Los policías comprobaron que todas las armas estaban inutilizadas o eran de juguete (había también dos mosquetones de palo sacados, al parecer, de un almacén de guardarropía de Madrid). Y ¡manos a la obra! En este caso, y tras una breve instrucción militar, comenzó el rodaje. Se determinó que el SS y el cazador de montaña quedaran fuera (no pegaban con el resto) de momento. Ya se les llamaría para hacer bulto en otras escenas.


Entonces descubrí una terrible verdad: un rodaje es aburridísimo. De cuando en cuando algo de acción, luego a repetir, y entre toma y toma mucho tiempo libre absurdo. Trabé conversación con el que iba de las SS: hasta yo me di cuenta de que su hebilla estaba mal pues era de postguerra y pertenecía a la República Democrática Alemana. El chico era gibraltareño, y me contó que él y otro amigo de Gibraltar –también presente- se habían picado con este hobby, y habían decidido vestirse de alemanes “porque molan mucho más que los Aliados”. En esto llegó una familia de Londres, fascinada, que no paraba de echar fotos, y nos preguntaron que qué era aquello. El londinense se quedó estupefacto al comprobar que aquel soldado de las SS era británico como él (uno de Stepney, otro de Gibraltar). El Gibraltarian se encogía de hombros. “Lo mismo me decía mi abuelo: ¡pero si los alemanes perdieron la maldita guerra! Mi parienta también dice que estamos locos”.

De repente se oyó un grito en alemán y del búnker surgió corriendo una sección de la Grossdeutschland que subió por un terraplén pegando tiros. “¡Ha valido! Pero vamos a hacer otra por si acaso”.

martes, 10 de marzo de 2009

Aída: ¿Error de Dios?


La Naturaleza es sabia y normalmente si algo es perjudicial o nocivo nos envía señales. Una seta venenosa (ANÓNIMO: no hagas chistes de judíos, que me cierran el blog), los llamativos colores de un pez asesino, la sirena de los Stukas... La tele no es una excepción, y ya debería yo haber advertido que una serie dizque de humor cuya sintonía estaba a cargo de Bebe no podía ser trigo limpio.

En mi tradición de desenmascarar a los Grandes, Estatuas Verdes acusa: tras despotricar contra
Dylan y Clint Eastwood, hoy le toca el turno a Aída (2005-), la infumable serie con que Telecinco viene castigándonos hace años la noche de los... domingos... ¿jueves?... ¿domingos? Esta serie ha cosechado los mayores éxitos de público y público, atesora galardones (ayer mismo le dieron uno a Pepe Viyuela, por su mejor papel desde que se tropezaba con una escalerilla de mano). Todo cosas que no comprendo. Me encanta lo bajuno, el humor no intelectual, me parto con las pelis de Chiquito, me parecía sublime Manos a la obra (1998-2001)... pero ¿Aída?

El único mérito que le encuentro a Aída es el haber sido el primer producto español de spin-off: una serie desgajada de otra, explotando el éxito de alguno de sus personajes (por ejemplo: Fraser respecto de Cheers). Pero un producto derivativo de Siete vidas (1999-2006), no sé, no sé... Aída viene a confirmar la caída en picado de los estándares de la sit-com española, consecuencia y causa del deplorable nivel sociocultural de la TV actual. Durante los noventa, los modelos de nuestra ficción eran el doctor Nacho o el tito Alfonso (piloto de aerolíneas) de Médico de familia (1995-99) o la "Licenciada" Lourdes Cano de Farmacia de guardia (1991-95). Los años 00 vieron la revancha de la clase obrera (los "graciosos" de nuestro teatro clásico), y los héroes pasaron a ser los taberneros Diego y Santiago, el mecánico Fiti (Los Serrano, 2003-08) y el portero de finca urbana (Aquí no hay quien viva, 2003-2006). No censuro ni me lamento, simplemente constato.


Es en este contexto en el que debe juzgarse Aída, historia de una esforzada limpiadora rodeada de una supuesta "tranche de vie" de nuestra sociedad: la prostituta, el yonqui retrasado, el adolescente delincuente, el tabernero socarrón, explotador y racista... todos ellos elevados a la categoría de modelos, a la caza de personas inteligentes o íntegras (tendencia que ya pionerizó Los Serrano). Se me dirá (ya se me ha dicho) que está genial que estos personajes constituyan la risión pública: qué mejor manera de exorcizar nuestros defectos y demonios colectivos. En otras palabras, que si Mauricio Colmenero humilla y degrada por sistema al Macchu Picchu, ya no lo haremos nosotros. ¿Esto se lo cree alguien? Podría seguir: si el Jonathan se burla y abusa de su amigo el empollón con gafas... si el Luisma putea a un minusválido en silla de ruedas...

Está claro que porque estas acciones o situaciones negativas salgan por la tele no las va a imitar todo el mundo inmediatamente en la calle, pero que por favor no me vengan con la burra de que con ellas nos reímos de nosotros mismos. Falacia #2: "Aída es solo un espejo de nuestra sociedad". ¡Y un gurumelo! Será un reflejo de determinada parte de la sociedad, lo mismo que lo sería una serie ambientada en un penal psiquiátrico o sobre una comunidad budista en las Alpujarras. Que queréis que os diga, yo todavía -gracias a Dios- no me muevo en un ambiente formado por putas, yonquis y delincuentes juveniles, ni la mayoría de los que me leéis tampoco. No cuela.


Porerror, ¿cómo tú juzgando el mérito de un producto cultural en base a su contenido ideológico? ¿Dónde tu objetividad? Tiene usted toda la razón, señora, es porque me enciendo. En un afán de búsqueda de la verdad, y tras los pasos de mi nueva ídola Samanta Villar, durante los tres últimos meses vengo forzándome a ver episodios de Aída con el único fin de escribir este post. Y tengo que decir que la serie me ha hecho menos gracia que un bocado en el escroto. Racismo, estulticia, mala leche, humor grosísimo, inquina, odio, frustración, comedia física de 1º de Preescolar: he aquí los elementos de comicidad que exhibe Aída. Personajes estereotipados: el mariquita, el debilucho, el tonto entrañable, el caradura simpático, el facha, otro mariquita thrown in for good measure...

Y ¿qué decir de las situaciones y los argumentos? Los mismos que en todas las sitcoms, eso está bien, pero con factura tosca y grosera, pocas y predecibles gracias y enredos de obra de colegio. El tratamiento de los temas deja bastante que desear, también: siempre parecen girar en torno al quebranto de alguna virtud o algún derecho fundamental, lo mismo da la amistad que el amor, que el honor, que la honradez, que la lucha de los ex-toxicómanos, que la homosexualidad reprimida, las relaciones familiares y de pareja... Es lo que hay, amigos, hablar a gritos, callar al otro a piñas cuando se tiene poco que decir y reírse del más débil. Si este es el espejo de nuestra sociedad mañana voy a apuntarme de vampiro.

jueves, 29 de enero de 2009

Carro de combate, o: El icono


Veo estos días el trailer de Valkiria (2008), la estrenan mañana y ya estoy nervioso por ir a verla. Entre escenas de la Wehrmacht, el bigote de Hitler y un parche en el ojo, veo imágenes del Deutsches Afrikakorps con sus terroríficos Panzer III. El pasado sábado, hablaba sobre guerras y los juegos de guerra con un historiador y salieron a relucir los Panzer III (“Lo malo es que después vinieron los Panzer IV, Panther, Tiger I y II…”), los T-34, los Sherman.

Llevamos semanas viendo en la tele imágenes de carros de combate israelíes, creo que son los Merkava, su contemplación puede causarnos ya tedio por lo repetitivo, seguro que de verlos en directo no sería esa nuestra reacción. Llevamos años (más de siete ya) viendo por la tele imágenes de carros de combate americanos M1A1 Abrams en Afganistán e Irak. Estos los tenemos tan vistos, en Kandahar o en Kirkuk, que yo ya no sé distinguir cuándo estoy viendo un episodio de la serie JAG o el telediario de Antena 3.


Pocas imágenes tan llamativas para los resúmenes audiovisuales del siglo pasado como la de ese ciudadano chino plantándole cara a una columna de carros de combate durante los días de la revuelta de Tiananmen. Esta escena ha sido vista y revista, parodiada hasta la saciedad, incluso, y siempre que la veo consigue fascinarme. Cada vez me asalta la reflexión: el hombre estaba ahí; los tanques estaban ahí, desde luego; pero lo más importante es que ahí estaba la cámara. Sin imágenes, la escena no hubiese existido. En este sentido me pregunto: ¿cuántos hombres de Tiananmen habrá habido a lo largo del siglo XX, sin una cámara para dejar constancia de ellos? ¿Cuántas madres rusas delante de un Panzer IV, cuántas alemanas de un T-34?

Cada día tengo más claro que el carro de combate es el gran icono del siglo XX: el sigo de las guerras. Las dos guerras que lo vertebraron se escriben con pesados monstruos blindados que se desplazan sobre cadenas. En la 1ª Guerra Mundial, el papel del carro fue casi folklórico: demasiado hicieron con idearlo, construirlo y ponerlo a andar. Los primeros tanques eran ortopédicos cachivaches más ridículos que mortíferos. Pero eran de metal, avanzaban y estaban cargados de armas.


Decir “Segunda Guerra Mundial” es decir “carros de combate”. En la 2ª Guerra, los blindados fueron el factor más importante y decisivo por lo menos hasta 1943, en que empiezan en serio los bombardeos estratégicos aliados sobre Alemania y Japón. Las tropas panzer alemanas (“las vanguardias blindadas del Reich”, como las definió Borges) fueron durante toda la guerra las mejores del Eje. ¿Y qué decir de las fuerzas armadas USA o de la URSS? Está claro que la Guerra la ganaron en las cadenas de montaje.

Hubo momentos, durante la batalla de Stalingrado, en que los T-34 salían directamente de la fábrica al frente, sin pintar siquiera. Y ya no pararon de salir. Y de salir. Y de salir. Para cuando llegó la Guerra Fría, los rusos tenían más carros de combate que mazorcas de maíz los americanos. Estos últimos se llevaron los tanques a empantanarse en las junglas de Vietnam, donde fueron vencidos por otro poderosísimo icono: el fusil de asalto de origen soviético AK-47, pero eso es otra historia. Mucha gente dice que el siglo XX es un AK-47 (Roberto Saviano, la peli El señor de la guerra -2005-, Pérez Reverte…). Yo digo que es un carro de combate, sin especificar el modelo o bando al que pertenezca.


Uno de mis primeros recuerdos de chico es el de oír contar a mis padres el golpe de Tejero, el del 23-F. Y con mucho, el detalle más sórdido y el que más miedo me daba era que en Valencia, el jefe de la Región Militar (Milans del Bosch) se había atrevido a “sacar los tanques a la calle”. La sola mención de esta frase conjuraba en mi excitable mente infantil fríos terrores metálicos de color verde oscuro. De buena nos libramos los españoles aquel día, ¿eh? (para empezar, dicen las malas lenguas que Milans del Bosch estaba borracho). Pero volviendo al tema que nos ocupa, pensad en los carros de combate y en su importancia simbólica. Sé que no es un tema típico de ascensor, pero yo os pido que os paréis un segundo y lo penséis. Y la próxima vez que veáis uno en un telediario (seguro que hoy mismo), ya me contáis qué se siente.

jueves, 22 de octubre de 2009

Flores de pupitre


Continúan las aventuras del buen Harvest:




Camino a su trabajo Harvest iba pensando, con la autosuficiencia de quien se sabe poeta o mejor que sus semejantes, o tal vez ambas cosas, “¿De qué coño me sirvió estudiar en la carrera a los Ingarden, Iser, Jauss?” Si existiera un aparato que lo midiese, habría podido comprobar que aquel instituto poseía exactamente el mismo nivel de poesía que una fábrica de radiadores.

Realmente, los minutos antes de que el reloj dé las ocho de la mañana pueden llegar a ser muy crueles. Harvest se acordó de unos versos que le rondaban por la cabeza y que decían: “Al despuntar la jornada aparecen/ los paquetes de inexperto tabaco/ en el colegio,/ cajetillas blancas junto a cajas blancas/ de edificios nuevos”. Franqueó la verja de entrada con su coche sucio, aparcó y se dirigió con menos diligencia de la que le hubiese gustado al aula donde le tocaba empezar a actuar.

“Contra pereza, diligencia”Harvest pensó en las siete virtudes cardinales, pensó en sí mismo, pensó en sus alumnos y le dio la risa. Lo que peor llevaba de ser profe era el gol que el gobierno les había colado hacía un par de décadas: los antiguos cursos correspondientes a 7º y 8º de EGB ahora se impartían en los institutos, bajo el nombre de 1º y 2º de ESO, respectivamente. Él nunca se había relacionado bien con los niños chicos (no sabía cómo tratarlos): lo suyo eran los adolescentes. A un adolescente tú le puedes poner la cara colorada (verbalmente solo, claro), o le puedes explicar que esa comida blanca se llama pan, y el liquidito rojo vino. Y santas pascuas.


¿Pero a un niño de doce años? Si conseguía que se sentasen ya lo consideraba un triunfo. Qué no hubiera dado durante sus años de docencia en 1º y 2º por poseer una especie de superglú para pegar a los niños al asiento! Entró en clase sorteando los exabruptos de costumbre, acaso aliviados por el hecho de la temprana hora, que amansa las fieras y adormila a los estudiantes. “Maestro, ¿puedo…?” ¡NO! “Y por enésima vez” –pensó sin decirlo, claro- “yo no soy maestro.

Pidió que se sentaran, y la visión de aquellos niños y niñas en sus pupitres le conmovió un poco. Eran como proyectos de hombres y mujeres a medio hacer (recordaba las palabras de su profe de 7º, cuando él tenía aquella edad: “Vosotros no sois hombres pequeños, sino proyectos de hombres”), eran muy chicos. La semana pasada Harvest se había llevado las manos a la cabeza al comprobar, mediante la recogida de una ficha de datos, que varios de sus alumnos de esa clase no habían cumplido aún los doce años!


Y sin embargo, por obra y gracia del sistema educativo, debían codearse con chavalas y chavales de hasta 18 años o más, que fumaban como carreteros, que fumaban petardos, que se pintaban como puertas, que se comían el boquino por los pasillos… Algunos de los niños y niñas de 1º no levantaban ni metro y medio del suelo, durante los recreos se perdían entre ese bosque de piernas curtidas a base de dar patadas a papeleras y correr en clase de Educación Física.

Y a pesar del pesimismo endémico de algunos profesores, Harvest no podía engañarse a sí mismo. Sabía que el curso de 1º en el que estaba, el de aquel año, era distinto. “Los niños de pueblo es que son más nobles” –le habían dicho. Más nobles no lo sabía; menos hijos de puta, desde luego. Aquella clase era lo que él nunca se había hasta entonces atrevido a decir sobre una clase: era linda. Con niños y niñas bonicos, presentables, no gritones (había dos o tres de juzgado de guardia pero, hey! –who’s counting?). Alumnos amables, ¿cariñosos? Era demasiado pronto para decirlo.

Harvest comprobó que, un día más, casi todos los de la clase traían hecha la tarea, y se peleaban por salir voluntarios a corregirla. Y sonrió por dentro, rebajando algunos grados su dosis matutina de cinismo. Entonces vio una estampa que capturó su imaginación y le hizo llamarme para contarme y que yo escribiera esto. Mientras él pasaba lista mentalmente, todas las demás cabecitas de la clase estaban giradas atendiendo a una alumna repetidora, de catorce años. Los niños la miraban con una mezcla de miedo y deseo, las niñas con mal disimulada envidia (las más espabiladas) o perplejidad (las otras).


Sin darle importancia al mundo, allí estaba sentada en su pupitre Chiquitina, la alumna fascinante para los demás, porque era un par de años más mayor. Porque hablaba a sus profesores con un descaro desconocido para ellos, que no tardarían en copiar. Porque pese a su edad y a ser las ocho y cuarto de la mañana llevaba encima más maquillaje que Cleopatra el día de la crecida del Padre Nilo. Porque en su cuaderno podían verse dibujadas hojas de marihuana verdes y arcanos mensajes en la parla de los canis (suprimo, surmano, sa_loka!!!!).

Porque cuando Harvest se acercaba a ella para ayudarla percibía un fuerte y desagradable olor a tabaco, y todos la oían toser como la fumadora que era, aunque ella lo negaba ofendidísima si algún profesor se lo preguntaba (los mismos que por las tardes se la encontraban fumando en el parque). Todo absolutamente impropio para su edad, pero a la vez era justo lo más propio. Los demás miraban, fascinados, calculando (“¿Podré saborear el tabaco en sus labios alguna vez?” “¿Podré ser tan mafiosa como ella alguna vez?”).

Entonces Harvest dio un par de palmadas con decisión, todos se sobresaltaron, y empezó la clase.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Finally Quique González


“Al arder la rama las estrellas ardieron también”.
-Quique González




Dado a la hipérbole, una vez más me presento ante vosotros. Pero lo que os digo ahora no es una exageración: he aquí el post que llevaba un año queriendo escribir, el que más ganas tenía de compartir con vosotros. No exagero si digo que fue uno de los motivos por los que me decidí a empezar un blog. Para compartir estas experiencias. Llevaba trece meses deseando volver a asistir a un concierto de Quique González, el cantautor eléctrico. Hubo un amago cancelado el pasado abril, creo, que me dejó con el mal sabor de boca de un conciertus interruptus. Pero ya ha vuelto a ocurrir.

¿Conocéis la sensación de acudir a un concierto y corear las letras de todas las canciones hasta quedaros roncos? ¿De que se os pongan los pelos de punta al escuchar tal o cual trozo “clave” de una letra? ¿De estar nervioso en la cola de entrada hora y media antes de empezar la actuación? Como un puto colegial, creo que La Casa Azul dieron con el símil definitivo: “Como un fan”.

Hace trece meses asistí a mi primer concierto de Quique González, había escuchado su último disco varias veces, me gustaba mucho. Pero era un concierto más. Entonces me senté en una butaca de aquel teatro, vi un escenario oscuro, solo iluminado por una lamparita de pie, escuché la canción “Y los conserjes de noche” y tuve una de las mayores epifanías musicales de toda mi vida. A día de hoy mi novia (autora de las fotos que veis) me lo dice admirada: “A ti este hombre te ha llegado, ¿eh?”. O: “Milagroso: subir al coche de Porerror en días diferentes y que tenga en el CD sonando al mismo artista”. Sí, que me ha llegado, sí, como solo me llegaran Los Beatles, Brian Wilson, Elvis Costello y Fito Páez. Dado a la hipérbole pero no estoy exagerando.


La verdad es que no os voy a intentar convencer de lo bueno que es o no es Quique González, como hago con otros artistas (anteayer mismo, Cooper). Solo pretendo contaros cómo me ha afectado a mí. Hoy no voy a decir “El XXXXX español”, “Suena como XXXXX” o “Lo mejor desde XXXXX”. ¿Para qué? Anoche tuve la inmensísima suerte de ver en concierto a uno de mis artistas favoritos, de verlo en segunda fila, de fundirme con la masa de peña que allí había al son de unas canciones que significan muchísimo para muchísima gente.

Anoche detrás de mí había una pareja de novios jovenzuelos, entre pijos y universitarios (el público medio de Quique) a la que sinceramente deseé faringitis crónica de por vida, tales fueron los desafinados berridos que vertieron en mi oído durante todo el concierto, igual que Claudio vertió el veneno en el oído del padre de Hamlet. Pero esta mañana pienso, ¿qué derecho tengo a censurar sus emociones? De acuerdo con que fueron un coñazo, pero me siento al 100% identificado con ellos. Yo también me encontraba transportado.


La ocasión reservaba más sorpresas agradables: yo esperaba un concierto fin de gira basado en el repertorio de su último disco Avería y redención #7 (2007) –como fue el del año pasado-, en estos nunca faltan canciones antiguas pero, claro, te tienes que mamar el disco nuevo entero. En este caso, sin embargo, se trataba de una gira “Décimo aniversario” con un repertorio moldeado por las peticiones de los fans en la web, algo a lo que Quique siempre ha sido muy aficionado. Hubo una canción inédita (la estupenda “La luna debajo del brazo”) y el resto estuvieron sacadas de sus siete álbumes, además de “Paloma”, versión del temazo de Andrés Calamaro.

¡Qué fantasía! Por allí desfilaron “Personal”, “Cuando éramos reyes”, “Se nos iba la vida”, “Y los conserjes de noche”, “Pájaros mojados”, “Avión en tierra”, “La ciudad del viento”, “Calles de Madrid”, “Kamikazes enamorados”, “Pequeño rock & roll”, “El campeón”, “Miss camiseta mojada”, “Salitre”, “Crece la hierba”, “Caminando en círculos”, “Hotel Los Ángeles”, “Rompeolas”, “Avería y redención”, “Hay partida”, “En el backstage”, “Palomas en la quinta”, “Me agarraste”, y la que abrió el concierto para frenesí colectivo: “Vidas cruzadas”. Creo que no me dejo ninguna, en cualquier caso solo quería dar una idea de los extensivo y variado del repertorio, que como siempre basculó entre el rock “americano” con raíces, la canción de autor acústica y el power pop (impresionante labor de guitarras a cargo de Javi Pedreira).


Después de la actuación, dos horas netas con dos bises de cuatro y tres canciones (Quique no es Van Morrison con un cronómetro de ajedrecista encima del piano, si sabéis lo que quiero decir), los fans tuvimos la oportunidad de entrar al backstage y saludar a los músicos. “Me encanta firmar vinilos” – me dijo Quique al ver mi copia de Avería y redención #7. El backstage, con su humilde empanada, sus blisters de jamón y queso, sus frutos secos, me recordó al testimonio Chanante de Axl Rose y su “panizo” o kikos de maíz gigantes.

Y en fin, que fui, vi, disfruté. Es lo que hacen los fans, ¿no? Hice cola, me desgañité, vi a un hombre tocar un piano que era el frontal de un Ford Capri (con faros encendidos y todo), le di la mano y, una vez en calma, me largué.

lunes, 28 de julio de 2008

Sensaciones POP (II)


“Sean críticos, cojones, críticos”.
(Germán Coppini)


Voy a intentar dar hoy mis impresiones sobre el aspecto más importante del festival ContemPOPránea 2008: la música. Llámala indie, como reza el subtítulo del evento, llámala pop, como gustan los modernos. Aquí tienen cabida desde el petardeo a lo más progresivo, pero siempre dentro del pop rock alternativo.

Lo bonito de un festival como este es lo que tienen todos los actos que hermanan a gente con intereses específicos: hacen sentir a los frikancos como personas normales. Ya puede ser la Campus Party, el mundial de maquetismo de Gerona o un salón del cómic donde hacer cosplay. En el ContemPOPránea se ve uno de repente rodeado de miles de personas cuyos gustos comparte, y eso mola. Ve uno camisetas cuyos arcanos eslogans entiende, corea letras de canciones trabajosamente aprendidas en la soledad del dormitorio, ve a la gente flipar al ritmo de una música que uno pensaba minoritaria.

En el ContemPOPránea por ejemplo, un señor como Xoël López de Deluxe puede ser una estrella de rock, y comportarse como tal sobre el escenario sin resultar ridículo. Unos señores normales con camisas de cuadros (Teenage Fanclub) son directamente dioses. Habiendo donde elegir, muchos conciertos me los he perdido. He visto en total siete de veinte posibles, pero os aseguro que he presenciado todo lo que tenía en mi lista de obligatorios. A otros dos grupos ya los había visto en anteriores ocasiones sin molarme, y otros cinco no me interesaban. Solo me he perdido tres conciertos que quisiera ver, y la verdad, son una minucia comparado con lo que sí he visto.


El viernes, Emma Pollock hizo un poco de mamporrera para el plato fuerte de la noche: Teenage Fanclub. La madrina indie es un icono y todo lo que ustedes quieran, pero no tocó ningún tema de The Delgados sino de su disco nuevo en solitario, y la verdad… A Teenage Fanclub era la tercera vez que los veía (1998, 2000 y ahora). Están más viejos, pero su música no se ha resentido ni un ápice. Un día de 1996 soñé que eran el mejor grupo musical del mundo, entonces me desperté y resultó que de verdad lo eran. ¡Qué ganas de complacer al público! Qué diferentes del sinvergüenza de Dylan…

Tocaron temas de todos sus discos, destacando éxitos perennes como “Everything Flows”, “Don’t Look Back”, “Sparky’s Dream”, “Ain’t That Enough”, “I Need Direction”, “It’s All In My Mind” o “The Concept”, que dejaron sin habla al respetable. Muy difícil ser los siguientes sobre el escenario ante tamaño conciertazo, pero lo hicieron con muchísima dignidad los granadinos Lori Meyers, hijastros de los escoceses (hacen el mismo tipo de música pero en español). Los Lori tocaron los mejores temas de su reciente Cronolánea (2008) –“Luces de neón”, “La búsqueda del rol”, “Luciérnagas y mariposas”, “Alta fidelidad”-, un par de Hostal Pimodán (2005) –“Dilema”, “Sus nuevos zapatos” y tres o cuatro clásicos de su disco de debut (“Tokio ya no nos quiere”, “Viaje de estudios”, “La mujer esponja”).

El set de Lori Meyers supo a bastante poco (básicamente lo que vienen haciendo en su gira pero recortado), pero a menos supo todavía el concierto de Sidonie. La buena lectora Karmen hace referencia en un comentario al post de ayer al gran fraude de Sidonie: que no sonó “Giraluna”. Ni “Giraluna” ni prácticamente nada, coño. Los catalanes saltaron al escenario con casi 50 minutos de retraso, y prácticamente se comieron el tiempo que tenían asignado.

Su concierto no llegó a la media hora, algo con lo que al parecer no contaban, porque se fueron muy cabreados cuando les obligaron a ir terminando. Por lo menos les dio tiempo a interpretar “Persona”, “Fascinado”, “Nuestro baile del viernes”, “La vida bohemia” o “Sidonie Goes to Varanasi”, pero se quedaron muy cortos (hasta hubo un pavo que al principio les hizo entrega de un girasol, con la esperanza de que lo sacaran a relucir durante “Giraluna”, y se quedó con un palmo de narices).

Bueno, como veo que esto da para bastante, mañana os sigo contando la jornada del sábado y otras cositas. Hoy terminaré citando a Germán Coppini –ahora resulta que es un gurú indie: bueno, pues vale-, quien no se privó de recomendar al público que dedicaran parte de su tiempo a leer. Amén.

jueves, 28 de mayo de 2009

Un día perfecto en Cosica


El buen Lou Reed lo cantó con la desgana que le caracterizaba: “No es más que un día perfecto, beber sangría en el parque, dar de comer a los animales en el zoo y luego una película también”. Pues así me sentí yo ayer más o menos, aunque ni bebí sangría en el parque (yo no hago esas cosas), ni alimenté a ningún animal (no quiero chistes) ni vi ninguna película. Pero tuve experiencias interesantes, algunas irrepetibles, eché unas risas de campeonato –de Europa- y me quedé ronco cantando.

¿Qué fuiste, Porerror, a un concierto? No señora, en todo caso a un recital de la Vida, con mayúsculas, que diría un cursi (nunca yo). Mi día empezó trabajando honradamente, que no hay cosa más bonita, salvo quizás ganar dinero honradamente sin trabajar. “Otro día, otro dólar”, reza un proverbio yanqui. Tras mi jornada, confirmé la noticia de que venía a verme a Cosica un amigo pelirrojo. Corrí a mi casa a adecentarla un poco (¿estáis familiarizados con la metáfora “ratones de pelusa”?), y tras fregonchear como la Ratita Presumida me dispuse a cocinar para mi amigo.



Mi colega llegó ya empezado el telediario de Antena 3, que a la sazón hablaba de no sé qué partido de fútbol que creo que había ayer. La comida estaba asquerosa: salada como los perros. Mis horas de esfuerzo (Mercadona mediante) a los fogones resultaron un estrepitoso fracaso, empiezo a preocuparme. “¿Cómo se te ocurre echarle sal Y AVECREM?” Yo qué sé, amigos, dejad de gritarme… A mi amigo al final lo que más le gustó fueron las esponjitas congeladas con chocolate negro del postre, y el Rioja que ingerimos en cantidades inmoderadas.

El café que íbamos a echar se convirtió en una sesión de pseudokaraoke de más de tres horas (jamás vi a mis vecinos tan contentos, pero, hey! yo al menos rebuzno en horas cristianas de sol, no como los simpáticos burritos-despertadores de mi calle). Desvariando llegamos a la conclusión de que la música es lo que más capacidad tiene para evocar los recuerdos, ni magdalenas (que dirían Proust y Daniel Ruiz) ni leche migada. Cantamos por Wilco, Jayhawks, Neil Young, Pearl Jam, Black Crowes, Black Sabbath, Bowie, Lori Meyers, Sidonie, La Habitación Roja… a Lou Reed lo llamamos pero estaba bebiendo sangría en el parque y no quiso venirse. Y luego llegamos a Maga, punto y aparte.


A eso de las ocho de la tarde mi amigo se tenía que ir, pero ya me estaba llamando uno de mis compis de trabajo cosiqueses, desde su piso, indignado. “¿No íbais a venir a mi casa a ver la previa del partido?” Oír esto y ponerme la camiseta blaugrana fue todo uno [Por cierto que aprovecho para desmentir esos rumores de que circulan por Facebook fotos mías con la camiseta del Barça leyendo El País. Cuando todo el globo sabe que yo solo leo el ABC, El Mundo y La Razón].

Lo que vino después… se me quedan cortos los sufijos aumentativos en vuestro idioma: locurón, aventurón, la flipada padre… PRETTY F**KING AMAZING! Mi dulce e inocente mente no estaba preparada para la inmensa ola de alegría y respeto que invadió el pueblo de Cosica cuando EL BARÇA SE ALZÓ CON SU TERCERA COPA DE EUROPA y TERCER TÍTULO DE LA TEMPORADA. He de confesar que durante el partido (que vimos en un bar que frecuentamos) llegué a tener las pulsaciones a 120. ¿Serían los caracoles? ¿El tinto con naranja? Todo se relajó cuando el buen Messi marcó ese golazo de cabeza suspendido en el aire, volando, “la cabeza de Dios” (Daily Mail dixit), que parecía directamente sacado de un partido de Oliver y Benji.


Tras el partido, el frenesí: caravana de decenas de vehículos pitando por las calles de Cosica, con banderas, bufandas, trompetas y gritos de desafuero, petardos y coheticos (delante de la Plaza de la Virgen, of course)… incluso he oído decir que un grupo de golfos se dedicó a hacer botellona en medio de la calle para celebrarlo (un miércoles, a esas horas…). Yo no sé mis compis y yo a qué hora acabaríamos: en el Canal Plus del bar hacía rato que estaban poniendo Shine a Light de Scorsese y los Rolling, mientras un amable señor con un megáfono se dedicaba a destrozar lo que quedaba de nuestros tímpanos con sus consignas pro-Barça y anti-Florentino. Os juro que por unos instantes barajé hacerme del Real Madrid.

Yo no sé a qué hora acabaríamos, pero mi maltrecho cerebro sí que lo ha sabido esta mañana cuando ha sonado el despertador a las siete en punto. Y ya me pregunto, recordando al buen Quique González, si “cada día puede ser un gran día, pero hay días más grandes todavía”, ¿qué sorpresas me deparará el destino hoy? ¿Acaso me haré fan de Miguel Bosé? ¿Empezaré a ver Cuatro?

“It’s such a perfect day…”

lunes, 3 de marzo de 2008

Me voy de moderno


Ya lo advertí en la primera entrada de este blog: no soy ni in ni moderno. Sin embargo, sí me permito decir que soy indie, más indie que tú, lector. Mientras veo a medias ese festival del humor que llaman Debate Electoral (¿hablamos de patatas, de bonobuses, de ruedas de bici…?), un querido amigo y lector me envía un mensaje en el que dice acerca de los candidatos que “están gigantes”. No puedo evitar sonreír y pensar en la canción de Deluxe titulada precisamente “Gigante”. España y yo, señora, somos así de indies. En lugar de galletas María yo desayuno mojando en leche vinilos de siete pulgadas.

Como en esto del indismo está la cosa muy mala y quien no corre vuela, hoy recurro al Diccionario del esnob del rock (2005), en el que David Kamp y Steven Daly nos advierten de que el tal esnob (modelo musical) “no resiste la idea de que tú sabes más que él sobre un determinado aspecto de la música”. A mí me ha pasado hoy, al leer con toda humildad el post que El perro lunar ha dedicado al interesantísimo grupo indie neoyorquino Vampire Weekend, que desconocía. Mañana ya iré diciendo que tengo de politono en el móvil su canción “Mansard Roof” desde hace meses...

Por eso me permito llamar la atención hoy sobre dos de mis artistas alternativos favoritos en lo que llevamos de 2008. El año ha empezado fortísimo, con nuevos discos de Radiohead y Supergrass, y otros en el horizonte de The Kooks, Young Knives o The Last Shadow Puppets (gente de Arctic Monkeys y The Rascals). Y eso solo en Gran Bretaña. Hace poco han salido a la venta dos discazos también británicos; el 21 de enero de 2008 se editó Falling Off the Lavender Bridge de Lightspeed Champion, y el 8 de febrero conocimos Hold On Now, Youngster… de Los Campesinos!


Lightspeed Champion es el nombre artístico de Dev Hynes, ex de aquel grupo indie-gamberro que eran Test Icicles. No sé si es él solo, supongo que se presenta con banda. De momento, la semana pasada actuó en la entrega de los premios de la revista NME con un señor disfrazado de Chewbacca a la guitarra, según me comenta mi contacto en Londres. Allí cantó la que a mi juicio es la canción del año (¿aceptamos por lo menos “estribillo del año”?), la preciosa y vitalista “Galaxy of the Lost”. ¿Es esto folk? ¿Anti-folk? ¿Pop de cámara? No sé, me dice un amigo tras ver el videoclip, pero es curioso.

Dejando aparte su estrafalario aspecto (gafunis de pardillo, guedejas mal peinadas, ropa penosa) y su bizarra puesta en escena (ahí está YouTube), este Lightspeed Champion es un auténtico fenómeno del pop indie. Canciones bonitas, señores, bonitas. Violines, instrumentos de viento, guitarras acústicas, armonías vocales… y todo envuelto en unas letras inteligentes y una estructura de canciones no previsible. Le escuchamos cantar “Esto se está yendo todo a la mierda” tan dulcemente que parece que nos está pidiendo rollo.


Si hablamos de sorpresa y de música divertida es ineludible la mención al septeto galés Los Campesinos! En un mundo post-Belle & Sebastian hay que tener cuidadín con los grupos lánguidos cimentados a base del contraste de vocecillas masculina y femenina (todavía estoy en tratamiento tras escuchar esta tarde en Radio 3 a los grupos finalistas del concurso de maquetas del festival ContemPOPránea 2008). Los Campesinos! no son para abrirse las venas, son divertidos.

Su tema ganador es el single “Death to Los Campesinos!”, un cuidado ejercicio de pimpinelismo popero en torno a un episodio de choriceo en una tienda (entre otras cositas). Sus títulos largos y pseudointeligentes (p.ej.: “Así se escribe ‘Ja, ja, ja, hemos destruido los sueños y esperanzas de una generación de falsos románticos’ ” –esto es, traducido, el título de una canción) nos recuerdan a otros ilustres indies galeses como Super Furry Animals o Gorky’s Zygotic Mynci. También sus gritos, cambios de ritmo y concepto festivo de la música, entendida como broma. Y es que la música debe ser divertida, es una broma. Salvo que me toquéis las bolas indies, ¿eh? Entonces me pongo muy serio.

miércoles, 23 de julio de 2008

La cajaste, Burt... ¿o Kirk?


Cuánto miedo da, señores; señores, qué miedo da. Cuando tiene que dar miedo. Cuando no, el hombre da lo que haga falta: agobio, asco, risa… Cómo estaba ese abuelo de Novecento (1976), aquel boxeador en El ídolo de barro (1949), ese juez de ¿Vencedores o vencidos? (1961), el coronel Dax en Senderos de gloria (1957), ese sargento en De aquí a la eternidad (1953)…

Hoy el miedo iba por ese J.J. Hunsecker en Chantaje en Broadway (1957), ese columnista sin escrúpulos, que profesa un amor posesivo por su hermana y es un adicto al “dulce aroma del éxito” (que es el título original de la película en inglés). Hoy me ha dado por verla, después de tenerla en mi casa más de un año, que fue cuando me la prestó un amigo. Peliculón. El cine negro nunca fue tan negro, tan clásico y tan moderno a la vez.


Cómo olvidar su papel en El extraño amor de Martha Ivers (1946), ese coronel de La batalla de las colinas del whisky (1965), el periodista rapaz de El gran carnaval (1951), el arquero de El halcón y la flecha (1950), ese marinerico del ukelele y la foca en 20.000 leguas de viaje submarino (1954), Van Gogh en El loco del pelo rojo (1956), ese pirata en El temible burlón (1952), esclavo/gladiador en Espartaco (1960), su paso por Saturno 3 (1980)… tantísimos papeles, tantos.

La idea de este post me ha venido por partida doble: de un lado, el haber visto la peli de Chantaje en Broadway, como ya he dicho; de otro, acordarme de ese peliculón que fue El gran carnaval, al verla esta mañana muy barata en DVD en el VIPS. Y no la he comprado, que conste en acta: he podido resistir la tentación.

Qué gran actor fue este hombre, ¿verdad? Los Hombres G le dedicaron la portada y el título de su mejor LP (y esos no homenajeaban a cualquiera, ¿eh? Solo a los grandes: Beatles, Jerry Lewis, Stella Stevens…). Para colmo, su legado no se ha extinguido, porque aunque murió en 1994 y sigue vivo, sabido es que es el padre de Michael Douglas.

Cómo olvidar sus papeles de tipo duro, en sus propias palabras “de hijos de puta”. Su distintiva sonrisa y su inmortal hoyuelo. Por no hablar de aquella mítica escena, tórrida en su momento, en que se hacía a Deborah Kerr en una playuqui. O su lucha a favor de Dalton Trumbo en la turbia y vergonzosa época de las “listas negras” del macartismo. Para más INRI, aunque su mera presencia ya llenaba la pantalla, en su época algún genio pensó que molaría ponerlo en pelis dándose la réplica a sí mismo, en plan Bette Midler o Lina Morgan.



Así fue cómo llegaron a gestarse Duelo de titanes (1957), Siete días de mayo (1964) y así hasta cinco títulos en los que el tipo interpretaba dos papeles. Tanto es así que os voy a revelar un secreto. Hay una leyenda urbana muy extendida últimamente con ayuda de Internet que asegura que en realidad se trataba de dos personas diferentes: dos actorazos como la copa de un pino.

martes, 25 de enero de 2011

Replanteamiento del Canon Oro 2010


-"El caldo en caliente, la injuria en frío."
(Refrán español)




Bueno, bueno, bueno! Siempre que se replantea el Canon Pupita ya sabéis que más tarde llega el Canon Oro. Ha habido una encuesta y -como siempre- habéis votado para hacer daño. Pero estoy contento, porque juro que esta vez estaba dispuesto a acatar el dictamen de la mayoría y encaramar como Oro al personaje que prefiriéseis y ha salido el que yo quería. Y prometo que no he hecho trampa. Aunque sospecho, también os lo digo, que ha habido alguien que ha votado en masse, porque uno de los candidatos llevó todo el tiempo la delantera y de un día para otro el ganador sumó siete votos nuevos.

Así es Estatuas Verdes, amigos: todo muy sospechoso y de dudodsa catadura. Solo una persona ha votado a Judd Apatow, autor, guionista y productor de desternillantes películas (salvo la última, Hazme reír, 2009), cuya factoría del humor promete hacernos pasar inolvidables momentos en este 2011 (con gente desnuda, gente fumando porros o chistes sobre penes: como él suele).


El segundo con menos votos ha sido Elvis Costello, antaño el Personaje más Oro de todos, el inamovible. Pero torres más altas han caído, y por el momento coincido con vosotros: Costello no merece aún la rehabilitación en este blog, hace falta que saque un disco de pop-rock. Lo estamos deseando. Carlos Herrera estaba destinado a ascender a este Parnaso, su voz nos acompaña cada mañana y aunque es verdad que está ensoberbecido, no deja de ser un tío que llama al pan pan y al vino vino (sobre todo eso, dada su proverbial penchant por la gastronomía...)

Además Carlos Herrera sé que irrita a muchos de los lectores de este blog, lo que nunca deja de ser un plus a tener en cuenta. Pero quien ha ganado es Paul Simon: el ruiseñor de Central Park, el amigo de Chevy Chase, "un señor muy bajito" (según una querida lectora). Ah, pero qué talla tiene como cantautor! Su producción durante 5 décadas no deja de asombrarme, una y otra vez revisito clásicos de su dúo con Garfunkel o la etapa en solitario y cada vez llego a la conclusión de que sus letras son las mejores de la Era Rock después de las de Dylan (donde pone "mejores" léase "más literarias").


Paul Simon no está de moda por ningún motivo, lo que lo hace el candidato idóneo a Personaje Oro, que ya lo es. Y quién no lo es ya, pray? Chiquito de la Calzada es in-to-ca-ble. INTOCABLE. Y máxime esta semana, que estoy revisando su escueta bien que brillante filmografía. Arrabal es un valor seguro, un candidato que aplaca las ansias de calado intelectual que mis lectores más culturetas proyectan sobre Estatuas Verdes. A Meryl Streep la mantengo, mientras no se demuestre lo contrario, y además que recientemente tuve la oportunidad de ver Kramer contra Kramer (1979), por la que ganó un merecido Oscar, y me reitero en que es una grandiosísima actriz.

David Trueba está muy callado, a excepción de su serie sobre Jorge Sanz, que no he podido ver. Le tocaría ya ir sacando otro libro. Pero el que ha caído en desgracia es Joaquín Reyes. Su apuesta en Neox, Museo Coconut (2010- ), no ha molado nada para Estatuas Verdes, me parece que la peli de Mr. Bean tenía más arte (la primera, claro): valga el juego de palabras burdo. Así que out with Reyes and in with Simon. Es el círculo de la vida, amigos. Oro!

jueves, 27 de noviembre de 2008

Cosica: Estado de la cuestión


Hoy voy a dejaros con un post gamberro para el fin de semana. ¿Ha llegado ya el momento de hablar bien de Cosica? ¿Así están las cosas? ¡¡¡Mamá, estoy loco!!!

Mi percepción de Cosica viene irremediablemente mediatizada por la temperatura del aire en sus calles. Ayer mismo una compañera de trabajo le preguntaba a otro compi que si en su casa de Cosica no tenía tal o cuál electrodoméstico. El pobre hombre negó con la cabeza y espetó: “En mi casa lo único que tenemos es un frío de dos pares de cojones”. Amén, illo, con el corazón te digo que tú en verdad eres mi hermano.

Y vaya usted a quejarse del frío de Cosica a los lugareños… le mirarán como a un bicho raro y le pondrán mala cara por injuriar vilmente a su bella patria. “Pues aquí hará exactamente el mismo frío que en Tuciudad por estas fechas”. Uy, señoraaa… ¡mis santas narices! Eso me demuestra que usted no ha vivido JAMÁS en Miciudad. Y, siento defraudarla, como bien rememorábamos ayer otra compi de trabajo que también vivió en Inglaterra y yo, en UK hará un frío del caganse, pero disponen de un invento mágico que en Cosica no soñaran. Se llama “central heating”, creo que no tiene traducción al español.


Pero en Cosica, de noche todo cambia (hace aún más frío). Famosos son los fandangos cuya letra dice así:

Cosica, la ciudad que nunca duerme,
con sus burros y sus rebuznos,
con sus perros y sus caballos,
y a las siete la mañana
ya están cantando los gallos


pero no es del ruido de lo que he venido a hablaros. Decía que por la noche, al irse el sol, el frío cosiqués alcanza proporciones épicas. Os lo dice alguien que hoy se ha despertado a las cinco y media de la madrugada (con pijama de invierno, camiseta interior, DOS edredones nórdicos, habitación caldeada por radiador), que hoy se ha despertado a esa hora, digo, de puritito frrrío.


En estos casos, la única manera de combatir al enemigo es atrincherarse en una casa con otros compañeros sufridores, encender una chimenea, un brasero y una estufa de resistencias, comer las papas de bolsa favoritas del Rey (Lay’s sabor jamón) y trasegar cerveza, tinto de Rioja, Frangelico, ron Legendario, el alcohol de las heridas. Y sacar una guitarra, y escribir coplas chorras, y contar anécdotas del trabajo, y de los respectivos lugares de origen, enseñarse fotos de la familia o las novias… como soldados en una trinchera de Stalingrado.


Entonces, solo entonces (‘tonces), es posible que, a eso de las tres y pico de la madrugada se le escape a uno un comentario favorable hacia Cosica, se le ablande el corazón. Y se hará el trago menos amargo, y así, reconfortado –y cagándose de frío- podrá acostarse uno y afrontar al día siguiente (a las cuatro horas) una nueva jornada laboral. Pero como al día siguiente ya es viernes, pues gano yo, y al partir le doy a todo volumen en el CD de mi coche a la canción “Ain’t It Fun” de los Dead Boys. Pero esta vez gano yo, porque voy cantando mentalmente solo, para vencer a los estreptococos, y dejo que por esta vez sea Stiv Bators quien se deje la garganta.
 
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